miércoles, 18 de febrero de 2015

Congelada

Y ahí está él, no dejándote quererte, sacrificándote para poder quererse. Y ahí estás tú una vez más, dejándole consumirte, dejándole entrar en tus días, en cada hora de tu cabeza.

Esperándole en un uno contra uno, luchando no contra ella, no contra él, luchando en un cara a cara contra ti misma. Preguntándote preguntas a las que no quieres responderte, respondiéndote a preguntas que no tienen respuestas. Consolándote porque es más fácil vivir en presente, un presente con un pasado poco olvidado, muy recordado aún que esté en un tiempo poco conjugado. Guardando los recuerdos que te dejó de propina, balas color esperanza, que hoy adornan a unas palabras con malas certezas.

Queriendo mal a quien no le quiere de paso, le regala un eterno presente y unos primeros besos que latían hasta una eternidad próxima.

Y te digo que lo bueno aún estaba por venir, que no te prometía nunca caer, te prometía noches de insomnio, de discusiones con ganas de reconciliación. Ser dos en uno, sin necesidad de perdernos en treses de otros.

Pero no te preocupes, con cada latido deseo verte más lejos. Más lejos del rencor, más lejos del dolor, aún más de lo que no siento por temor. Porque me cansé de observarte en silencio, quererte a medias, a gritos de miradas. Del uso de una amistad que tenia sabor a cumplir condena. Se acabaron las insinuaciones no confesadas, los juegos en los que solo tú jugabas, los que cada vez que terminaban, me susurraban que solo eran producto de fantasías que solo yo deseaba. 

Te digo adiós sabiendo que pierdo mi consuelo contigo, que se irán la complicidad y las ganas de volver atrás. Pero a sabiendas que mi corazón volverá a latir, y así, dejará de estar congelado esperando a que seas tú quien lo salve por fin.




Judith.

  

sábado, 14 de febrero de 2015

Más allá de una rutina

Recorro avenida Carrilet, a velocidad de desahogo, a velocidad de pensamiento. Freno sin frenos. Estoy a punto de volar, miro hacia el lado, los recuerdos impiden a mis sentidos aclararse, reaccionar.

Giro y ya estoy en Josep Tarradellas, los semáforos esta vez me han dejado llegar a tiempo. Antes me recuerdan a una Farga menos recorrida que ayer, más que mañana pero siempre llena de esperas, llena de cafés a medias, llena de sillones. Llena de contracorrientes, libros de historia, de revoluciones, de operaciones imposibles. De memoria e impulsividad, de pocas ganas de salir y muchas ganas de soñar. De compartir historias imposibles, amores nunca existidos, de amistades rotas y de las verdaderas. De mundos a nuestros pies, de llantos de miedos, de llantos de esperanza. De las treguas firmadas, los olvidos no recordados, y de los no reconocidos.

Fuera de ella me espera un rincón escondido lleno de horas perdidas, minutos de humo, segundos de no quererse. Viviendo de prisa, perdiendo la noción, no sabiendo ser.

Y entro en un edificio lleno de primeras veces. De volver a cometerme, de volver a conocerme, de volver a colocarme con sus miradas, con sus besos sabor a mentira. Y después de las primeras veces repetidas, de conocer cada rincón de cada pared, de cada silla, de cada borde de cada mesa colocada a destiempo movida por las ganas de compartirnos, me quedo mirando esa sala donde las esperas eran eternas, donde los castigos sabían a justificación,  donde escribir aquellas palabras que nunca le dirías era la única escapatoria a aquella cárcel de ti misma.

Aún escucho sus voces convenciéndose que solo era un día malo, que solo éramos uno más, que podrían con esas jóvenes pocas ganas incapaces de escucharles. Esas voces que te enseñaban mucho más de lo que tu podías reconocer. Esas voces que eran más que voces repitiéndote que bajases la tuya, que estuvieses atento porque aquello más adelante ibas a valorarlo más de lo que lo estabas haciendo en aquellos momentos. Y que razón tenían, cuantas lecciones de vida aprendidas gracias a ellos.


De repente mi cabeza se para en una persona, en nueve meses compartidos con ella, en una despedida, en otros cuatro meses sin saber de ella. En la peor de las noticias y en la mejor a la vez. Su lucha, su valentía, la vida que le regalo y la que hoy ella va a regalar. 

Tantas personas, tantas palabras, tantos momentos compartidos. Arrepentimientos que hoy son lecciones. Oídos que una vez fueron vuestros, que siempre serán vuestros. Despedidas que nunca olvidaré, bienvenidas que siempre recordaré.

Ese edificio se quedó con errores, con mentiras, con ganas de salir de el. Pero también con ganas de luchar, con ganas de aprender, con más ganas de ellos. Con ganas de verles cada dia, con echar de menos a personas que eran más que rutina, que eran lo que tú hoy eres.

Un edificio que me ha dado amores y desamores, que me dio las peores  de las amistades pero también las mejores, personas que siempre permanecerán en mi vida. Abrazos de siempre, llantos de nunca.

Judith.