lunes, 5 de octubre de 2015

Sentir o vivir

Si te mentí fue porque primero me creí a mí. Porque prometí quererte para siempre, así estaba escrito, pero me solté. Esperé de ti más de lo que eras, y es que así me convencí que podía volver atrás  y atar aquel momento en que todo se desató.

Mentí para poder vivir. Que estúpida fui, que cobarde me sentí mientras el dolor envenenó todo lo que quedaba de mí. Te volvía a mirar y quería ir contigo hasta el final, pero necesitaba que me enseñases como llegar. Ahora solo quiero descansar, parar para poder respirar, ese es ahora el plan, encontrar el consuelo que habitó siempre en mí y así poder sentir, más que nada porque ahora sí, no es por ti, es por lo que habita aquí.

Aquí donde vuelve a latir, y no me importa perder, ni lo que esté escrito, solo si quien me hace compañía, mueve el motor que la culpa para, cuando la mirada delata lo que siento por ti. Quien me da la razón para quedarme, no por compasión, si no lo que dice mi alma que recita cuando me acompaña. Quiero a quien ponga mis tormentas en calma, no quien me lleva al pasado solo por no dejarme ir.

Estoy harta de medirme, estoy harta de mentirte, se acabó, quiero sentir, quiero vivir!

Judith.

jueves, 1 de octubre de 2015

Independientemente quiero elegir.

Si mi lugar es donde yo nací, nací donde mis ojos se enamoraron de aquellas palabras, que en mi entraron para nunca salir. Nací donde sus brazos me acogieron por primera vez y me cuidaran hasta el último de sus días y los míos, que dejarán de existir cuando los suyos lo hagan. Nací el primer día que mis ojos se abrieron para verla a ella sosteniéndome, convirtiendo aquel lugar frío en el más cálido de todos.

Soy de donde las olas chocan con aquellas rocas, donde dije hasta pronto a los hombres más importantes de mi vida. Donde mi cabeza está en calma, aunque la marea siga alta.

Soy de donde mis aspas crecieron, aspas que al girar emprendieron el vuelo hacia un mundo sin gravedad. Un mundo donde el limité aprendí a ponerlo yo.

Nací en un lugar con reglas que saltarse, banderas cambiantes, amaneceres imposibles, cada día diferentes aunque no siempre. Donde las fronteras son de papel y se derriban, no te hieren si se saltan, te reciben y te abrazan. La normalidad la marca la diferencia, y no que ponerse aunque sea un sombrero de paja, unas gafas de pasta o unos pantalones a rayas. Porque si no combinas bien lo de dentro con lo de fuera, amigo estas metiendo la pata.

Si me preguntan de dónde vengo, de quien quiero ser, o me dan a elegir, elijo ser libre, no quiero que me obliguen a quedarme, quiero que me ayuden a escaparme y equivocarme. Quiero que me quieran por venir en navidades, y traerles mi amor al compartir, pero no al competir. Quiero ser de dónde puedo elegir si mar o montaña, de quien enamorarme y no me obliguen a entregar un informe con sus antecedentes. No quiero firmar un contrato para dividir en partes un amor sin condición, sin fecha ni por obligación.

Vengo de aquí, pero también de allá, y si tengo que votar en avión o barca, mientras se pueda viajar, me dará igual.

Judith.