Tratar de definirte sería un insulto para los bailarines que se enredan en cada punta de tu cabello suave, liso y rizado que se mueve según en qué estilo te compongas. Sería un insulto para los escritores y poetas que en forma de verso te recitan. O para los magos llamados cantantes que te transforman en musa, convirtiéndote en suave brisa cuando llegan a los oídos de esos humanos, que se convierten en nada cuando tú te conviertes en todo.
Eres el amor de aquel
amante que espera pacientemente su turno en una sala de espera empapelada de
esperanza. Eres el consuelo del llanto del dejado, el drama del adolescente
solitario. Eres la habitación llena de recuerdos transformados en notas, que
flotan desordenando una cabeza, cabeza que cree que tú serás el salvavidas de
su loca memoria. Eres el ralentí de esa memoria que se dejó convencer que sería
mejor dejar de ser, para convertirse en un futuro incierto. Las sabanas frías
que dejaron de estar mojadas por un amor que dejo de arder por la pasión, y
empezó a hacerlo por una rutina inquieta de tentación.
Los valientes que se
atreven a acariciarte, te suplican que te apiades de ellos. En forma de piano
te conviertes en el clásico del más melancólico. Si eres trompeta eres el blues
más animado, voz osada cuando te fundes junto a una guitarra.
Y ahora me preguntan, que
qué es música para mí, y yo me pregunto qué es lo que no eres. Que sería la
vida sin ti, como hubiese girado sin la melodía que mueve el mundo. Sin la que
sana heridas sin cura, sin la que revive genios sin ética. Ética dormida en un
país que acunas con caricias, y adornas en forma de luchas sin nombre hablando
de amor. Y es que amor eres tú, producto altamente inflamable cuando eres
escuchada por rebeldes sin temor.
Tú, noches de insomnio
que mueven pies cansados, manos gastadas, y cabezas pensadas. Caminos
recorridos, rutas malgastadas por vidas perdidas.
Y si aun así me piden que
por favor te defina, les diré que tal osadía ya fue utilizada. Que si se
atreven a conocerte, quedarán por siempre enamorados de la más bella de las
maravillas nunca existida. Que no se atrevan a volver a preguntar que es
música, porque música eres tú.
Judith.
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