viernes, 25 de junio de 2021

Naufragio inminente.

Empieza la música, notas agudas, puede que un teclado. Cada una me hace flotar en un mundo que me deja boca abajo. Observo un océano un poco movido, no hay grandes olas, pero las suficientes para dejarme llevar por esta corriente. 

Veo luz en mis pies, siento presión en mis pulmones y en una cabeza que lleva el peso de estos instantes presentes, en los que disfruto estos detalles llenos de dolor intermitente.  Pienso que es cuestión de tiempo que algo tire de mí, vacíe de mi interior este charco de búsquedas y me reencuentre con ese viaje lleno de oxigeno. 

En cambio hay un burbuja que me separa de la superficie, pienso en que este naufragio era inevitable, una vez más el timón no se llevo bien con está ruta mal marcada por restos de ecosistemas pasados que también sabían cuál sería el final. 
Puede que el exceso de mi equipaje volcase, o tal vez desgasté esta bandera blanca que acompañó el viaje, y no pudo guiarlo cuando se quedó a oscuras.

Una onda expansiva me lleva lejos, explosión de miedo, silencio que ruge, frio que golpea mi pecho, mi boca, mi cuerpo. Salgo a la superficie, y veo que estoy muy lejos, me cuesta respirar, te busco, no estas. Sigues ahí abajo, veo tu mano, la cojo, la sueltas, y entiendo entonces que aún no es tu momento. Veo el viaje, se va, no vienes, me voy, nado, no espero, me doy cuenta que tengo cortes y pienso en volverte a buscar. Creo que te escucho, te veo bucear, no sabes si salir a respirar. 

Silencio.

Estoy sentada, miro mi piel, está fría y desnuda, seca. 

Respiro.

Me pongo de pie, estoy en la superficie, y ya no puedo esperar más.

Empieza la música, notas agudas, puede que una guitarra.

Judith.

domingo, 3 de mayo de 2020

Como quieres


Me siento en un agujero cayendo dentro de él, con la sensación de que nunca habrá un final para descansar.

En esta agonía de perder más que de ganar siento soledad, no por la única compañía de estas paredes, sino por la ausencia de la escucha. 
Perdiendo empatía, ganando reproches, que acepto, guardo y acumulo.

Si la vida me lo permitiese, daría todas mis fuerzas por volver, volver sabiendo, volver dando, aceptando, abrazando.


Judith.

domingo, 12 de mayo de 2019

Dejarse amar

Como te digo que me dueles, que desde que te fuiste han pasado muchas cosas, más de las que me dejaste vivir contigo. Que te sigo queriendo, que te voy a querer siempre, pero que ahora te quiero lejos también. Que no podía soportar que todas las calles me recordasen a ti, que toda la música me sonase a tu voz, y que por eso me fui lejos de ti, lejos de mi ciudad. Por eso tu música necesité hacerla mía, para que tu voz desapareciese, que nuestros sitios ya no son más tuyos, y son solo míos y de quien me acompañe en ellos. Que te fuiste en nuestro mejor momento, y lo convertiste en el peor. Que al final huir me ayudó a avanzar, y que gracias a eso he aprendido a dejarme amar y hacerlo yo. 

Ha aparecido alguien en mi vida, y aunque te pienso, lo hago lejos. Ese alguien me acompaña, no nos prometemos y caminamos lento. Estoy empezando a quererla, de una manera diferente y pausada, y me gusta como soy con ella. 

Amar es dejar ir y no necesitar. Siempre habrá un lugar para ti en mi vida. 

Adiós amor, te dejo ir, y con eso me empiezo a querer de nuevo. Con eso te perdono, pero sobre todo me perdono a mi.

Judith.

jueves, 7 de febrero de 2019

Vida.

La existencia de la vida no tiene sentido, en la felicidad se esconde el mismo final de esta, y en este, la superación de volver a encontrarla.

En este camino de sin sentidos encuentras momentos y personas que de repente lo tienen, que te llenan de felicidad, de amor, y a la vez, de tristeza. Pero es ahí donde de verdad, todo cobra sentido.

Por eso, desde el dolor profundo de sentir que todo se acaba, debo decir que no siento odio ni rabia, siento felicidad, por haber vivido breve o prolongadamente la intensidad de la vida.


Judith.

jueves, 29 de noviembre de 2018

Desearía no saber amar


Esperaba en el aeropuerto, tenía billete hacia la huida. Te sentaste en frente, y siendo incapaz de mirar hacia tus ojos escuché como explicabas lo bien que te va al dejarte llevar. Levanté la vista, y de repente me escocia el asiento, mi boca se secaba y la tuya tenía el antídoto. Tu piel solo con mirarla derretía a la mía, tus poros respiraban mi aire, se abrían y me llamaban a besarlos. Me miraste, me sentí un blanco fácil, mientras mi corazón se aceleraba y bombeaba toda la sangre de mi cuerpo, alterada, inquieta. Te acercaste, me agarraste, crucé tu línea, me sentí en casa y tu olor me abrazó, me atrapó, me comprendió.
Me giro y camino a la puerta de embarque, corres tras de mí, se para el tiempo, los turistas de nuestras vidas desaparecen, bajo una cascada con clima tropical te beso, tu sabor me invade, te conviertes, a la vez, en mi bebida y comida favorita. Quiero quedarme así, quiero parar las horas, quiero acércame tanto que tu sabor nos haga libres.

Después de resetearme, después de abrirme en canal, extirparme mi ego, mi egoísmo. Después de hacerme darle el papel protagonista, me deja una nota en la puerta ‘’cierra al salir’’. Y yo que le he entregado lo más sincero de mí, me encuentro desnuda en invierno, sin un colchón que me parezca cómodo, sin la alergia acostumbrada a su mascota. Sin el calor de su olor, sin su humedad en mi boca.
Después de pedirme que me escapara con ella de una rutina ahogada, me estrangula para quedarse con la respiración que le di por placer. Después de demostrar a la física que el mundo era más fácil si nos rozábamos, el miedo pone el exceso de química como excusa. Sin ensayos, caí como víctima recortándome los parpados para no volver a soñar con interrogantes.

Esta vez no reboté, me rendí, vuelvo a esconderme, vuelvo a la puerta de embarque hacia la huida, me escapo, adiós.


Judith.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Lo que fue


Me duele mirar de lejos sueños imposibles. Palabras desechas por mentiras de papel, con tinta de verdades que pintan maquillaje, disimula cristales que cortan ojos secos por vuelos inalcanzables.

Mis oídos taponados por cobardes, me dicen que fuera de lo normal no existen ganas que alimentar. No se permite el oxígeno para respirar en un mundo irreal, la ambición es cosa de pirómanos. Suicidas que incendian la mecha de la vida.

Las cicatrices por quemaduras de tercer grado están mal vistas. Un tercer grado desnudo, sangrante de miedos a la vista de todos. De luchas perdidas por cambios constantes de mareas. Los idiotas que cambian de opinión, que avanzan porque quieren más, porque quieren por encima de posibilidades que les dan los ‘’ahora no puedo, tengo cosas que hacer’’.

Terceros platos mal acostumbrados a teorías desmentidas por caprichosos cotizados. Ponen en subasta cerillas quemadas por mariposas, provocadas por huracanes cambiantes, inestables, explosivos. Huracanes que enganchan, te atrapan, te llevan al centro, sin gravedad, un desastre para tus sueños. Antes imposibles, ahora más reales, ahora imposibles, siempre eternos, siempre de papel, siempre idiotas por pensar que eras tú.

Mi huracán, mi llama, mis mariposas ardiendo, explotando. Mi maquillaje desecho, mi cabeza sin oxígeno, altamente peligroso, a punto de estallar. Gritando que ahora solo hay una cosa real, y es que todo fue irreal.


Judith.

miércoles, 3 de enero de 2018

CENIZAS

Enero, hielo final, los días se han ido y no me supiste esperar. Ni si quiera pasaste por mi lado cuando pedí volverte a ver entre llamas. Aposté pasado y me dejé ganar para volverte a soñar. Quise vencer a las olas y recuperar las cenizas que me dejaste cuando te desvaneciste con el viento, rompiendo con el espigón del tiempo. Me dejas caer y me pasas por encima sin compasión sobre este mar de culpa que me ha visto rota una vez más. Esta vez olvidadiza por lo que fue y ya no es, por lo que dolió y hoy solo es recuerdo. Perdóname! Te grito, te quiero sin poderte querer, te lloro en vacío, ya no te siento igual y eso me hace sentirme un monstruo, y eso me hace sentirme vacía.