lunes, 13 de julio de 2015

Crecer para luchar, luchar para aprender

Un año más no me faltan palabras para recordar:
Parpadear para guardar dentro de ti un recuerdo eterno. Respirar profundo, coger aire, y que tu cuerpo custodie esa mirada, ese abrazo, esa persona, ese momento que te ha hecho vibrar, que te ha erizado la piel, y que sabrás que otro igual no existirá.
El silencio que escuchas con los ojos abiertos, la soledad que miras con los oídos atentos, por si queda algún resquicio de la voz que te removió por dentro.
El tacto de una piel dormida que siempre besaste en sueños, pero que te tocó en un despertar muy real. El sueño que te trajo a quien te hace respirar cada mañana, pero que ya no está.
Aquella curva que se forma en tu cara al sonreír, y que te acerca a aquel animal que te hizo vivir. Que te hizo sentir única, que te hizo correr como nadie lo hará jamás.
El deseo que pido siempre a aquel del más allá, a quien cuando escribo se acerca más y más. A quien le cuento todo, a quien le hago vivir conmigo cada uno de esos deseos.
Al niño que se marchó lejos y vivió dentro de nosotros para siempre. Al eterno que nunca fue perdido.
Si en el camino no encuentro salvación posible, busco dentro de mí y allí te encuentro, esperándome para empujarme. Para recordarme lo que siempre me ha movido, el amor por lo vivido. El amor por lo recorrido, por lo vencido, y por cada triunfo conseguido. El amor que diferenció a lo bueno de lo malo, que puso al todo delante del modo ahorro. Ese ahorro de sentimientos con el que nunca estuve de acuerdo.
Porque los cambios ya no me vencerán, porque al final siempre habrá algo por lo que luchar.
Judith.

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