Si mi lugar es donde yo
nací, nací donde mis ojos se enamoraron de aquellas palabras, que en mi
entraron para nunca salir. Nací donde sus brazos me acogieron por primera vez y
me cuidaran hasta el último de sus días y los míos, que dejarán de existir
cuando los suyos lo hagan. Nací el primer día que mis ojos se abrieron para
verla a ella sosteniéndome, convirtiendo aquel lugar frío en el más cálido de todos.
Soy de donde las olas chocan
con aquellas rocas, donde dije hasta pronto a los hombres más importantes de mi
vida. Donde mi cabeza está en calma, aunque la marea siga alta.
Soy de donde mis aspas
crecieron, aspas que al girar emprendieron el vuelo hacia un mundo sin gravedad.
Un mundo donde el limité aprendí a ponerlo yo.
Nací en un lugar con
reglas que saltarse, banderas cambiantes, amaneceres imposibles, cada día diferentes
aunque no siempre. Donde las fronteras son de papel y se derriban, no te hieren
si se saltan, te reciben y te abrazan. La normalidad la marca la diferencia, y
no que ponerse aunque sea un sombrero de paja, unas gafas de pasta o unos pantalones
a rayas. Porque si no combinas bien lo de dentro con lo de fuera, amigo estas
metiendo la pata.
Si me preguntan de dónde
vengo, de quien quiero ser, o me dan a elegir, elijo ser libre, no quiero que
me obliguen a quedarme, quiero que me ayuden a escaparme y equivocarme. Quiero que
me quieran por venir en navidades, y traerles mi amor al compartir, pero no al
competir. Quiero ser de dónde puedo elegir si mar o montaña, de quien
enamorarme y no me obliguen a entregar un informe con sus antecedentes. No
quiero firmar un contrato para dividir en partes un amor sin condición, sin fecha
ni por obligación.
Vengo de aquí, pero también
de allá, y si tengo que votar en avión o barca, mientras se pueda viajar, me
dará igual.
Judith.
No hay comentarios:
Publicar un comentario