Me duele mirar de lejos sueños imposibles. Palabras desechas
por mentiras de papel, con tinta de verdades que pintan maquillaje, disimula cristales que cortan ojos secos por vuelos inalcanzables.
Mis oídos taponados por cobardes, me dicen que fuera de lo normal no existen ganas que alimentar. No se permite el oxígeno para respirar en un mundo irreal, la ambición es cosa de pirómanos. Suicidas que incendian la mecha de la vida.
Las cicatrices por quemaduras de tercer grado están mal
vistas. Un tercer grado desnudo, sangrante de miedos a la vista de todos. De
luchas perdidas por cambios constantes de mareas. Los idiotas que cambian de
opinión, que avanzan porque quieren más, porque quieren por encima de posibilidades
que les dan los ‘’ahora no puedo, tengo cosas que hacer’’.
Terceros platos mal acostumbrados a teorías desmentidas por
caprichosos cotizados. Ponen en subasta cerillas quemadas por mariposas,
provocadas por huracanes cambiantes, inestables, explosivos. Huracanes que
enganchan, te atrapan, te llevan al centro, sin gravedad, un desastre para tus
sueños. Antes imposibles, ahora más reales, ahora imposibles, siempre eternos,
siempre de papel, siempre idiotas por pensar que eras tú.
Mi huracán, mi llama, mis mariposas ardiendo, explotando. Mi
maquillaje desecho, mi cabeza sin oxígeno, altamente peligroso, a punto de
estallar. Gritando que ahora solo hay una cosa real, y es que todo fue irreal.
Judith.
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