sábado, 26 de marzo de 2016

Transforma la critica en creatividad

Estoy re-cansada de que me repitan que mi esfuerzo a un trabajo que quien sea considera poca cosa, simplemente porque no es ni el más remunerado ni el más valorado, es inútil. Inútil no es mi esfuerzo a mi pasión, si no el vuestro en menospreciar la felicidad ajena. Menospreciar a las personas, meteros en su vida, porque vosotros sin ningún tipo de criterio os consideráis con la libertad de hacerlo. Dejadme deciros que no sois quien para decirme ni a mi, ni a nadie con que yo decido dejarme las ganas, no es vuestro asunto, solo el mio. Que si yo me siento valorada o no, por cobrar más o menos invirtiendo las horas que YO ELIJO invertir es cosa mía.
Para vuestra información soy super FELIZ, seguramente más que tú cobrando mucho mas, y te lo explicaré de una manera que hasta tu vas a entender. Hago lo que me gusta, no dejo de aprender, y tengo la mente activa las 12 horas del día, y las otras sobrantes de la noche también, para no perderme nada, ninguna idea que pueda aparecer improvisando. También te diré que mi vida social también la elijo yo, que si vosotros sois los que os consideráis imprescindibles, estáis muy equivocados, porque no estáis en mis planes de personas que seguir manteniendo en mi vida, a personas que juzgan a capa y espada, que me hacen sentir menos que ellos, que de todos los que me rodean piensan que son unos ''frikis''. Si! Son unos frikis, y me encantan los frikis! Eso no es un defecto, porque friki significa que sientes pasión por algo, cosa, que creo que vosotros no vais entender en la vida.
Soy feliz trabajando, con las personas con las que lo hago, porque son las que más me han aportado. Soy feliz escogiendo con quien comparto mi ocio, soy feliz eligiendo a mi familia antes que a salir de fiesta. Diciendo lo que se me pasa por la cabeza, y amando a quien me da la gana, sea chico, chica, negro o blanco.
Dejad vivir, invertir el tiempo que utilizáis en criticar y en consumir a las personas en arreglaros a vosotros mismos.

Judith.

miércoles, 9 de marzo de 2016

No se va

Yo creía que al final desaparecía,
que el dolor es lo que pretendía,
levantar lo que creía
una fuerza que se unía.
A cambio una ilusión que contamina,
una esperanza que nunca está perdida.
Perdida la melancolía,
que me recuerda lo que dolía
 quererte sin valía.
Resucitan las ganas de tenerte,
las ganas de besarte
y volver a mirarte.
Volver a sentir como mis horas vuelven a latir,
malgastan cicatrices de un botín que se rinde ante ti.
Botín, el corazón que siempre te debí,
los te quiero que siempre te dí
aunque supiese que nunca sucedería,
un presente sin fin.
Siempre seguido de un despertar muy afín
a no dormir para así ver la noche morir.


domingo, 14 de febrero de 2016

Mi corazón, un coche sin frenos

Empiezo a contrasentirme, otra vez sin un stop que me haga saltar y chocarme con mi motor. Un motor pasado de revoluciones, que gasta mucho, y que a corto plazo se consume  se queda corto de caballos. Ayer justo estuve juzgándome, creí haber elegido un camino demasiado ético, demasiado real, y era por eso que no arrancaba la sensación de no pensar, de estar relajada, de bailar si me da la gana.

Empiezo a sentir raro el embrague, no sé si es porque no quiero que entre la marcha para acabarme de largar de aquí. Yo estoy muy cómoda, en un tal vez mal acostumbrado, esperando que siempre llegue tarde. Sin copiloto claro, con uno que me dice que tengo que huir para no enfrentarme en marcha a la parte del iceberg que ha salido a flote, y que quiere que choque. Siniestro que  no resuelve las dudas a si esto se arreglará, si daremos un paso al frente o seguiré anestesiada, sin poder avanzar.

Esperando a que baje la guardia el de al lado, para cruzarle las ganas de responderle, de insultarle, de romperle las palabras que no me explican porque solo te entiendo entre líneas discontinuas. Porque es tan raro que me digas que no te hago falta para arrancar las ganas, si ya ayer me diste a entender que no querías adelantarme, solo molestarme.

Mientras estoy en este standby, tú sigues y yo me quedo apunto de decirte lo fácil que lo tienes, mientras me dueles al no marcharte del todo y tampoco quedarte por si acaso soporto la carretera horas sin decir nada, soportando los baches al intentar comprenderte. Comprender porque te ríes mientras me voy porque eres demasiado cobarde.

Perdona pero estoy cansada de no tener una dirección clara, de no saber si seguirás ahí cuando me vaya a la cama.



Judith.

martes, 19 de enero de 2016

Vivirte

Perdí mi inocencia, mi forma de llamar amor a quien solo amaba con cada bello que en mi piel respiraba cuando le veía, tocaba, leía, escuchaba, sentía. Perdí soñar con el asfalto, con su coche deslizándose hasta el rio que le vio por última vez. No dejé nunca de imaginarme como fue, pero mi cabeza se cansó de buscar una explicación a todo lo que pasó. Encontrarle sentido a la suerte que se le escapó, al maldito destino que decidió que teníamos que perdernos su tiempo, su voz. Desde entonces la vida mereció menos la pena, y a la vez más, aunque no volveríamos a sentir igual, a no entender las cosas, a creer que oriente jamás existió como una vez lo hizo.

Ahora al respirar respiraríamos por dos, a partir de ahí siempre habría un pedazo de ti en mí. Descubrí que llorar dolía, dolía mucho. Que el pecho se deshacía, que faltaba un hueco en mi vida, al lado de la silla, en frente del silencio que empezó a aparecer cuando te fuiste lejos de aquí. Aun no entiendo porque tuvimos que vivir sin ti, porque te tuvo que pasar a ti, porque mi parte egoísta necesita saber de ti para poder vivir. Imaginarme que habría pasado, si quisiste huir de la ciudad, si vivirías bajo la sombra de las ramas que te vieron partir para nunca volver.

Que hubiese pasado si hubiésemos tenido más risas por año, yo hubiese podido vivir sin cada minuto de silencio que pasaba como una eternidad. Silencio roto por llantos, roto por explicaciones que no explicaban nada, que no tranquilizaban, que no entendían, que no entendíamos porque no ibas a volver ya mañana.

Así pasaron los meses, los años, no del todo convencidos, porque algo faltaba, alguien nos llevábamos para siempre, con la responsabilidad de vivirte como si aún
estuvieses presente.

Judith.


lunes, 18 de enero de 2016

A quien te quita más que te da

Hay relaciones que nos proponemos que encajen, pero que ni con cinta aislante evitamos que se despolaricen. ''Preferimos estar ahí metidos hasta que nos rompemos al tocarnos, cuando ya no soportamos ni mirarnos.''

Porque siempre venís con enero, y me encantais solo hasta febrero, donde ya me molesta que no me escribáis hasta que otra vez no llegue el invierno. Donde otra vez empiezan los gritos, las malas ganas de empezar de cero. Y así dejamos que pase el tiempo, no acabandome de verme reflejada en lo que soy cuando os tengo cerca. 

Que bien me hacen las navidades, me digo, donde ya se que es lo que quiero, donde más duelen las despedidas, donde se derriban los pilares de las verdades. Preferimos estar ahí metidos hasta que nos rompemos al tocarnos, cuando ya no soportamos ni mirarnos.
Que bien hacen las verdades, que desordenan los cajones de mi habitación para recordarme que prefiero el mio que el vuestro. Mi ego, que me espera en casa, y eso que siempre me acompaña, solo que se asusta con las tormentas, prefiere no mojarse más, y no electrocutarse.

Que bien hacen las tormentas si no hay electricidad de por medio, si no hay relámpagos antes de ir a dormir, que busquen problemas aunque tu no quieras.

No nos busques mas, pues si nos llega algún mensaje las lineas ya están cerradas. Y cuando lo escuche ya habré despegado y estaré volando a toda velocidad, muy lejos, con turbulencias, porque el viento me empuja hacia el mar, hacia la sensación de haber dado todo de mi para este final.

Cuando estéis por la autopista, y haga tiempo que nadie os cambie de canal, que os lleve a ninguna parte. Cuando ya estemos más lejos que nunca, y ya nos hayamos perdido, tal vez entonces será el momento de encontrarnos.

Judith.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Desnuda



Me quito las botas, tu mientras quítate el espejo, si eso cuando puedas. Mientras sonrío imaginándote con tu ego como equipaje, noto un escalofrío, siento el tacto de las sabanas con mis pies, que se han quedado desnudos ronzándose entre ellos. Parece que conversen de cómo les gusta dormir juntos, bien a gusto. Yo les dejo, mientras pienso que es lo primero.

Mis dedos se deslizan sobre la tinta de mi piel, mientras suben las palabras de, no sé, son las doce ya, creo que de ayer. Mis ojos se cierran, imaginan cómo será el tacto de tu boca sobre mi sostén, que pena que ya esté despeinada y no te pueda ir a ver.





Una excusa más, me dice el jersey, que de mí tira con un chasquido de electricidad. Los tirantes se caen, puede que a raíz de pensar que no estoy en la realidad. Despierta ya! Aún pueden caerse las ganas, solo tengo que animarme, y pensar en que quiero verte mañana, y golpearme porque no estarás aquí para reprocharme nada.

Me gusta ir despacio, desabrocharme ­­mis piernas, que no tienen miedo a encontrarse con el puerto que arde cada noche entre sueños. Se me queda pequeña la noche, y eso que aún no he calmado mi sed, como explicarte que soy virgen hasta que mis costuras no entren en contacto con tu red.





Judith.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Adicta

Mi cuerpo el humo que se evaporó dentro y hundió mis pecados. Las mentiras el fuego creo, cenizas tatuadas en mis ojeras, que desafían al día que a fuego espera las horas que se consumen, como el canuto que creía que libre me hacía, pero presa me tenía. Me creía delincuente, mientras me enamoraba con facilidad. Cautiva de la sangre verde que me liberaba de la soledad, me consolaba mientras me ponía una careta.

 Aprendí a ir despacio, a no tener razón,  echar raíces, tatuarlas en mi piel y así poder borrar las cicatrices. Disfrutar al ver llover,  a caer en el borde. Empezar a ver claro, chupar el humo que me nublaba y me hacía ver borrosas las gotas que caían.  

Perdí la parte de mí que no creía en mí, me rendí al alivio del delirio, y por fin crecí. Me vencí, y entendí que no importaba equivocarme una vez más. Me hice adicta a no tener miedo a dormir sola, a marcar mi propio destino, a dibujar el mapa con caminos indecisos. Al perdón del dolor que te ayuda a aprender.

Adicta a tus ojos, a las miradas que chillan que son cautivas de un tatuaje que no tienen sobre la piel. Que son la mejor compañía de una noche vacía, de un verano frío como el faro que deslumbra a una playa que es dueña de dos mil recuerdos. De vencer al miedo a no tener miedo, al de soñar despierta, sueños que solo hablan de la verdad. Adicta a escribir de madrugada, sin cerillas que enciendan la caña que me hacía perder una y otra vez.

Podó la hierba que crecía, alta como el muro de dramas que desterraban a los fantasmas que me ataban bajo un sótano de recuerdos que no avanzaban. La misma que me sumergía en el mar de la sensación de volar, vuelo entre las ramas que me pierden cuando quiero hablar. La misma también que contamina a la realidad, al trago del trago por el que es necesario pasar.

Y ya acabo, que siempre empiezo por la chaqueta y acabo desnuda. Desnudandome de sentidos que me dejan muy lejos de la dirección que ya no me vuelve loca, que me enfría más que me moja. Mojada me siento cuando me enciendo con el amor que no se compra, ni va en bolsas que guardan el olor de lo irreal.

Fumar para olvidar? Yo prefiero recordar.

Judith.