Me quito las botas, tu mientras quítate el espejo, si eso cuando puedas. Mientras sonrío imaginándote con tu ego como equipaje, noto un escalofrío, siento el tacto de las sabanas con mis pies, que se han quedado desnudos ronzándose entre ellos. Parece que conversen de cómo les gusta dormir juntos, bien a gusto. Yo les dejo, mientras pienso que es lo primero.
Mis dedos se deslizan
sobre la tinta de mi piel, mientras suben las palabras de, no sé, son las doce
ya, creo que de ayer. Mis ojos se cierran, imaginan cómo será el tacto de tu
boca sobre mi sostén, que pena que ya esté despeinada y no te pueda ir a ver.
Una excusa más, me dice
el jersey, que de mí tira con un chasquido de electricidad. Los tirantes se
caen, puede que a raíz de pensar que no estoy en la realidad. Despierta ya! Aún
pueden caerse las ganas, solo tengo que animarme, y pensar en que quiero verte
mañana, y golpearme porque no estarás aquí para reprocharme nada.
Me gusta ir despacio,
desabrocharme mis piernas, que no tienen miedo a encontrarse con el puerto
que arde cada noche entre sueños. Se me queda pequeña la noche, y eso que aún no
he calmado mi sed, como explicarte que soy virgen hasta que mis costuras no
entren en contacto con tu red.
Judith.



